viernes, 1 de febrero de 2019

El "Escuadrón de la Muerte"

¿Qué género tiene la violencia de género?


Un día levantaron a una chica.La violaron y la mataron con saña bíblica. Encontraron su cadáver y su madre la identificó: hecha pedazos, con siniestras huellas de tortura, violación... en fin el salvajismo habitual. Esta madre lloró. Es lo normal. Pero esa madre no se refugió en Diosito, deidad poco útil que después de todo no hizo nada para evitar tan aberrante crimen. No se refugió en sus sentimientos ni a llorar en silencio ni se puso a abrazar perritos.

 Esa madre tenía recursos. Ya saben, "valores bancarios: Papel moneda" como dijera Espanto. Y se juntó con otras mujeres que tampoco se quedaron a secarse las lagrimitas con las servilletas que sobraron de la boda del tío Franco. No, no. No hicieron cartulinas, ni le fueron a llorar a presidente, ni se pusieron moñitos negros, ni inútiles y estúpidos hashtags en twitter. Ni armaron una fundación de ayuda ni nada de eso. Esa mujer se juntó otras. Muchas de estas con cierto entrenamiento en técnicas y tácticas de todo tipo. Cada quién use su imaginación hasta donde le dé.

 Con los recursos que tenía (porque después de todo, a la muerte de su única hija, ¿para qué más querría el dinero?) formó un grupo de mujeres que no iban a andar saliendo en la tele ni dando entrevistas. Iban a andar en el anonimato. Formaron un puto "escuadrón de la muerte". Este grupo buscó al responsable de la muerte de su hija. Y con las técnicas adecuadas lo halló (no fue tan complicado realmente). Lo torturaró hasta la saciedad y lo asesinaron lentamente. Y lo exhibieron. Cuando la policiía encontró el cadáver, que ya era 'pájaro de cuenta' (qué frase tan pendeja, pero es la que se usa en el argot policiaco) no pudieron dar con los responsables. Y como de costumbre, la "investigación" se cerró. Pero el escuadrón de la muerte rastreó y ubicó a otros violadores, secuestradores y asesinos.

Poco a poco y con mucha paciencia fueron capturando a varios. Y todos corrieron la misma suerte: ser encontrados sin vida en calidad de portada de disco de Cannibal Corpse. Los noticiarios ya hablaban de ello "Un escuadrón de la muerte está acabando con presuntos violadores, secuestradores y asesinos. Nadie sabe quiénes son, cómo ni dónde operan, pero ya se le conoce como el Escuadrón de la Muerte" (léase con tono de Javier Alatorre). Al correr del tiempo se encontraban cada vez más cadaveres de sujetos que la comunidad reconocía como violadores. Pero no se habían animado a denunciar. La algarabía inicial se perdería en poco tiempo.

Apareció muerto Juan Pedrito: un chaval de 20 años cuya afición era darles un arrimoncito a las chavas en los microbuses que iban llenos. Varias chicas ya lo habían señalado pero el sujeto no paraba: torteadas, chicheadas, arrimones de camarón y fotos secretas bajo la falda eran la diversión de Juan Pedrito. Y el Escuadrón de la Muerte cortó de tajo tan curiosas habilidades. En otros puntos del país se estaban formando pequeños escuadrones. Y estaban yendo primordialmente sobre los violadores y secuestradores de mujeres. Estaba dándose una gran limpia. Sin embargo, entre las víctimas de los escuadrones había sujetos que solo eran acosadores. "mamacita, chichocamos nos matamos jua jua jua jua". Don Beto el mecánico amaneció colgado en su taller mientras sus testículos adornaban la bayoneta de una caja automática de Dodge Dart K modelo 89.

 "Agarraron al Escuadrón de la Muerte. Estas mujeres que presuntamente habían perdido a sus hijas a manos de secuestradores, formaron este escuadrón asesino para hacer pagar a la sociedad por los supuestos crímenes en contra de sus familiares. Hoy... sí, hoy, ya duermen tras las rejas" (otra vez léase con tono Javier Alatorre). Ya era tarde. Ya había como 30 escuadrones de la muerte (solo los que estaban detectados) y todos los días levantaban a algún sujeto: a alguien que le agarró la nalga a una chica, a alguien que iba cargando a su pequeña de cinco años dándole "cariñosos" besitos en la boca (asquerosa e infecciosa práctica que sobrevive hasta nuestros días) o a alguien que golpeó a su esposa o novia. Se supo incluso de un tipo que, en una plática sin importancia llamó "ricura" a su propia amiga. Fue detectado y amaneció colgado de un poste con el órgano sexual metido en un oído (no mames, sí le cupo!)

 Los escuadrones de la muerte estaban convirtiéndose en un problema: a la menor provocación estaban asesinando hombres. Ya ni siquiera había un asesinato o un tocamiento. Bastaba una mirada ligeramente lesiva para que al cabo de unos días el agresor amaneciera despedazado. Los hombres empezaron a salir muy poco a la calle. Con la mirada clavada en el piso. Sin hablar. Sin mirar. Con el miedo de ser vigilados por algún Escuadrón de la Muerte local que al detectar un comportamiento inusual los levantara y en una fiesta de sangre fueran descuartizados por mujeres llenas de rencor, de ira, de venganza o de jugo de naranja.

 El miedo se respiraba como se respira el pedo ajeno: frunciendo el seño y volteando pa' todas partes culpando a cualquiera. Evitaban los taxis, los microbuses, las calles solitarias. Sabían que los que eran levantados no sobrevivían a un "tratamiento del Escuadrón de la Muerte". Por otro lado, ya casi no había ratas robando en los micros, ni sujetos agarra-colas en el metro. Lo que había era lo que los noticieros llamaron "el pánico masculino". Incluso se reportó que gente pública como comediantes o locutores habían sido víctimas del famoso escuadrón.

 La ONU empezó a tomar cartas en el asunto dado que los escuadrones se estaban extendiendo hacia Guatemala, Honduras, Perú, Venezuela, Colombia... Era un fenómeno de proporciones mundiales. Los hombres sentíamos miedo de salir a la calle. Miedo de ir a la tienda. Miedo de hablar con alguien. Era un terror ojete. Ahora estábamos del otro pinche lado. Ahora éramos vulnerables ante un enemigo invisible, paciente y letal. Se dieron movilizaciones y marchas de hombres. Exigiendo seguridad y respeto a los derechos humanos. Algunos marcharon con el chile de fuera. Fue en vano. El miedo no cedía. Al contrario. A la par de estos escuadrones se unieron otros que ya no lo hacían por ninguna justicia: lo hacían por diversión. Por el gusto de ver sufrir al otro. Por placer. El placer en el placer. ¿Y para qué tanto placer? ¡¡Pues para más placer!!
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 Todo eso que acabo de escribir son PURAS TONTERÍAS. Pero, un día va ocurrir si algo no cambia en esta sociedad.